Por qué las malas ideas son lo mejor que le puede pasar a una sesión de brainstorming

Por qué las malas ideas son lo mejor que le puede pasar a una sesión de brainstorming

 

Las ideas tienen un valor absolutamente incalculable en el mundo de los negocios. Ya tomen la forma de soluciones a ciertos problemas, de campañas publicitarias o de incentivos para subir la (a menudo alicaída) moral de los empleados, que las ideas fluyan libremente es de vital importancia en el universo empresarial.

Sin embargo, las sesiones de brainstorming, allí donde las empresas encuentran a menudo la inspiración (y con ella las ideas), son a veces tremendamente improductivas (y hasta embarazosas).

brainstorming

En las sesiones de brainstorming los silencios incómodos en los que nadie se atreve a alzar la voz pesan a veces como una losa. Otras veces no hay silencios, pero sí alguien que acapara todos los flashes y que, con su afán de protagonismo, sofoca las ideas potencialmente brillantes alojadas en las cabezas del resto de participantes.

Aunque deberían ser productivas, muchas sesiones de brainstorming son asombrosamente parcas en buenas ideas (y en ideas en general).

¿Cómo deberíamos aproximarnos entonces a las sesiones de brainstorming para sacar a éstas el máximo jugo? Utilizando las malas ideas (aquellas que son rematadamente malas) como herramienta para romper el hielo y abrir en último término la espita de las buenas ideas.

En una sesión de brainstorming con el foco puesto en las malas ideas estos que propone a continuación Inc. son los necesarios pasos a seguir:

1. Convocar por sorpresa la sesión de brainstorming con el objetivo de que los que allí acudan lo hagan totalmente desprovistos de ideas preconcebidas.

2. Comenzar la sesión con un breve “briefing” en el que se enumeren los objetivos perseguidos.

3. Una vez fijados los objetivos de la reunión, animar a los participantes a expresar verbalmente las peores ideas que se les pasen por la mente.

4. Encargar a un participante que anote todas las ideas que afloren durante la reunión mientras los demás discuten animadamente sobre ellas.

5. Hacer hincapié en lo peor de las ideas enunciadas (¿qué es lo que las hace realmente tan malas?).

6. Una vez haya una extensa lista de ideas sobre la que trabajar (y una vez los participantes estén ya lo suficientemente implicados en el proceso), formular la siguiente pregunta: ¿Qué habría que hacer para mejorar estas pésimas ideas?

En algunos casos el objetivo en el sexto y último paso del proceso es convertir las pésimas ideas en óptimas ideas. En otros se trata más bien de hallar genuina inspiración en las ideas más terribles.

Puede que este método de brainstorming no sea en modo alguno el más ortodoxo del mundo, pero se las ingenia para lograr que todos, absolutamente todos los participantes, tomen parte en el proceso porque el objetivo no es poner sobre la mesa ideas absolutamente geniales sino ideas totalmente huérfanas de genialidad. Y también consigue que los participantes dispongan de algo de lo que tirar el hilo (por mucho que sea un puñado de ideas atroces). A veces las ideas malas albergan en sus entrañas la simiente de ideas absolutamente magníficas.

Fuente: Marketingdirecto

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